¿Alguna vez has entrado a un lugar y sientes que el ambiente está tenso? o ¿has estado en un lugar donde el estado de ánimo se puede cortar con un cuchillo? Lo particular de esto, es que usualmente cuando pensamos en un estado de ánimo lo asociamos con algo individual, algo que me pasa y que tengo que revisar dentro de mi.

Sin embargo, esa no es la única mirada que se posee de los mismos y si queremos tener una mayor capacidad de manejar esos estados de ánimo, es importante ampliar esa perspectiva.

Filósofos como Heidegger nos comentaron desde el siglo pasado su visión al respecto:

“Un estado de ánimo no está relacionado con lo psíquico… y no es en sí una condición interna que luego se estira de una manera enigmática y pone su marca en cosas y personas… No proviene ni desde fuera ni desde dentro, sino que surge de ser‐en‐el‐mundo, como un modo de este ser”. Heidegger, Ser y Tiempo (1927).

A lo que usualmente estamos ciegos es al rol que el mundo en el que habitamos juega en nuestro estado de ánimo. Somos seres que habitamos un lugar que posee una historia que nos precede, marcada por prácticas y hábitos de las cuales no fuimos participes pero que hemos aprendido sin darnos cuenta, y que también posee un ánimo social producto de la evaluación que hace de sí misma y de las posibilidades de futuro.

¿Pero entonces qué son los Estados de Ánimo?

Son sensibilidades o sintonizaciones con la situación en la que vivimos, siendo primordialmente sociales. Los estados de ánimo individuales surgen de los colectivos; ya que yo tengo los estados de ánimos de la cultura donde he habitado y de mi momento histórico, que vienen cargados de evaluaciones de posibilidades.

Pregúntate ¿Cuáles son los estados de ánimo que abundan en mi mundo laboral? ¿en mi mundo familiar? ¿en el mundo de mis amigos cercanos? ¿en mi país? ¿en esta época que vivimos?  ¿Qué tan contagiado estoy de ellos?

Los estados de ánimo son tan habituales que nos resultan transparentes, no nos damos cuenta que siempre estamos en alguno, y lo más importante es que ellos colorean nuestro mundo y marcan nuestras posibilidades. No vemos el futuro ni actuamos de la misma manera si estamos resignados o desesperados, o si estamos ambiciosos o esperanzados.

Finalmente ¿Qué nos permite esta mirada para poder orquestar nuestros estados de ánimo? Lo veremos en la Parte 2 de ese artículo.

Miguelangel Herrera Miembro ICF Capítulo Venezuela

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