El coach con la ingenuidad de un niño y la sutileza de un escultor pregunta se detiene y vuelve a preguntar, como cual sujeto que gusta ver llover sobre mojado; es que simplemente busca acompañar al cliente en la misma naturaleza pueril del que pregunta, con la diferencia que comprende que está al frente de una persona que se asemeja a una hermosa y gran piedra dotada de pensamientos que aparenta al mismo tiempo no tenerlos.

El coach cual escultor, viendo en primer plano la potencialidad de la piedra que solicita transformación, y que con sus herramientas saca todo lo superfluo de ella, logra concebir lo que realmente su mineral le permite hacer a través del arte. Entendiendo la definición de arte como “Método acertado de hacer las cosas. Aquello que establece su propia regla.

La prueba del artista no consiste en la voluntad que pone en su trabajo, sino en la excelencia de la obra que produce” Santo Tomas de Aquino. Así es, el artista trabaja duro pero pausado con gran nivel de experticia, sabe usar el martillo y el cincel; descuidarse significa arruinar el mineral. Razón por el cual escucha con detenimiento y concentración el golpe y ve cada viruta que brinca, al momento de dar la acción generadora del detalle. El artista sabe cuándo distanciarse para observar con claridad y totalidad para pulir, así como acercarse para precisar.

La escultura con vida propia le muestra satisfacción y cae en cuenta de lo vivido, aprehendido y concebido, asumiendo nuevas afirmaciones sobre la creación de perspectivas y sentimientos, así como posibilidades que vislumbran deseos y metas, razones suficientes para la búsqueda de otras piedras que le permitan su desarrollo y fortalecimiento del arte.

En el coaching tenemos la presencia, como piedra angular del proceso, nos permite aceptar la metanoia del cliente, esos momentos mágicos de cambios de enfoque, perspectivas, vueltas y nuevas afirmaciones en función de lo deseado logrando que el coach afine su estilo estratégico y reaprenda, sorprendiéndose de cada acompañamiento, desapegado de los resultados del coachee, fundando una relación espontanea, flexible y confiable, dando apertura a la innovación, creatividad y cultivo del ahora de cada momento de la vida.

El coach da significado y distingue el ambiente en el que se encuentra, expresa con su silencio control y confianza, dando paso a la iluminación y admiración del mundo espectador, tal y como el gran artista Miguel Ángel logra la dicotomía, que personifica el claro contrapposto de la figura, con la sensación de voluntad de la escultura “David” 1502-1504, que se encuentra en La Galería de la Academia de Florencia, Italia.

Me atrevo a decir que para llevar un excelente y fácil proceso, el coach debe comprender que cada sesión y distinción, es una retórica que nace desde el acuerdo con el cliente, y que llegar a la perfección se tiene que lograr infinidades de conversaciones y correcciones que le permita su vida como coach, aceptando un carácter ingenuo, pueril y hábil, delante de las grandes historias de las personas que solicitan su servicio para un cambio evolutivo y trascendental.

Mgs. Jesus Gragirena. Presencia Coaching & Training – Miembro ICF Capítulo Venezuela

* Metanoia (del griego μετανοῖεν, metanoien, cambiar de opinión, arrepentirse, o de meta, más allá y nous, de la mente) es un enunciado retórico y teológico, su significado literal del griego denota una situación en que en un trayecto ha tenido que volverse del camino en que se andaba y tomar otra dirección, también retóricamente utilizado para retractarse de alguna afirmación realizada, y corregirla para comentarla de mejor manera.  Tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/Metanoia

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